FMI Y OPRESIÓN DE LA MUJER por Iñaki Gil de San Vicente. Publicado en ALDARRIKA: Observando de cerca al enemigo. Dossier FMI, BM, GATT. Seminario Erandio 1,2,3 julio 1994. pp 43-49.


      1. EL FMI COMO PARTE DE LA NUEVA EXPANSION DEL PATRIARCALISMO.

      A finales de la IIGM el capitalismo se encontraba sumido en una duda existencial. Duda existencial en cuanto concernía a las cuestiones centrales de la "opresión invisible" -la de la mujer- y de la muy visible -la de las clases y naciones oprimidas- en todo el planeta. Por brevedad de espacio no podemos desarrollar ahora dos temas importantes unidos al de la opresión de la mujer a escala mundial: la de las clases y naciones oprimidas por un lado y por otro, la función elemental de la mujer dentro de esas clases y naciones aunque, como veremos en los dos apartados posteriores, sí desarrollaremos algunas implicaciones suyas en el presente y en el futuro.

      La participación de la mujer había sido central para vencer al nazismo en Europa y al Japón en Asia. Fundamentalmente en la URSS y en relativa menor medida en los restantes Estados y naciones, el trabajo global y la participación armada de la mujer fue capital para el triunfo. El tremendo esfuerzo de trasladar las fábricas soviéticas a zonas seguras, de ponerlas de nuevo en marcha, de construir y reconstruir una y otra vez carreteras, puentes y ferrocarriles, de participar en unidades militares oficiales y guerrilleras, etc, etc, ese esfuerzo fue vital para la derrota del ejército nazi frente a la URSS, en donde se concentraron el ochenta por ciento de las tropas alemanas. Otro tanto tenemos que decir de las mujeres de los países y Estados ocupados por los nazis, especialmente en donde hubo ejércitos guerrilleros que no sólo resistieron a la represión sino aumentaron su fuerza armada. Las experiencias yugoslavas, griegas, polacas, checas, albanesas, francesas, noruegas, etc, son concluyentes. Inglaterra sobrevivió también gracias al masivo esfuerzo de la mujer. En la guerra en Asia contra el Japón las guerrillas filipinas, birmanas, malayas, coreanas, vietnamitas, etc, se sustentaron sobre el trabajo invisible de la mujer. Pero sobre todo, fue en China en donde más patente y decisoria fue su intervención que venía de antes de la propia invasión japonesa. En lo que respecta a EEUU hay que decir que sin la fuerza de trabajo de la mujer nunca se hubieran alcanzado las impresionantes cotas de producción armamentística.

      Dentro mismo de las potencias invasoras, la mujer jugó un papel central en la resistencia interna. Los partisanos italianos lo sabían muy bien. En Alemania muchas redes clandestinas de ayuda a judíos, aliados, trabajadores deportados y sobre todo de espionaje, funcionaron gracias a las mujeres. La propaganda oficial de esas potencias insistía con especial fuerza en el mantenimiento del patriarcado propio como fuerza alienante, como medio para impedir la concienciación y participación de las mujeres en la resistencia clandestina.

      Estados aliados de esas potencias, sobre todo el español, también dedicaban esfuerzos supremos, siempre con la bendición eclesiástica, para impedir la emancipación de la mujer y su participación en la resistencia nunca sofocada. Pese a las terribles condiciones represivas del momento, dicha participación era innegable. Euskal Herria en concreto es un ejemplo de cómo las mujeres asumieron desde el inicio mismo de la sublevación franquista una responsabilidad básica mantenida durante más de medio siglo, hasta la actualidad.

      Pues bien, conforme se acababa la IIGM, las burguesías victoriosas pero también las derrotadas, como la alemana, italiana y japonesa, se interrogaban sobre algo fundamental para el futuro: ¿cómo contener la casi segura avalancha de reivindicaciones democráticas y feministas de unas mujeres que lo habían dado todo en la guerra?. La experiencia histórica les enseñaba que en situaciones anteriores similares que se remontaban a los primeros movimientos antifeudales, a las revoluciones burguesas, etc, en todas ellas, siempre, las mujeres habían exigido sus derechos y habían puesto sobre la mesa sus reivindicaciones específicas basándose en la innegable legitimidad conquistada por su esfuerzo, muy superior al de las propias clases dominantes. Además, las condiciones de 1945 eran especialmente inquietantes para el capitalismo: la URSS aparecía como la gran vencedora del nazismo; dentro de Europa se habían generado fuertes movimientos revolucionarios armados en los que la mujer jugaba un papel central; millones de mujeres que habían ido a la fábrica se resistirían a volver a la cárcel familiar; las burguesías europeas no tenían ninguna legitimidad por su colaboracionismo abierto o encubierto y, en especial, el baluarte último del patriarcado y de la opresión de la mujer, las diferentes iglesias cristianas y en concreto el Vaticano, menos aún. Fuera del "mundo desarrollado", en Asia, la creciente fuerza de la revolución china y la continuidad de las luchas de liberación en Vietnam, Birmania, etc, y la situación de la India, por no extendernos, auguraban las mismas negras expectativas para el patriarcado.

      Es en este contexto en donde hay que ubicar la función del FMI y en general de toda la estrategia diseñada en Bretton Woods. Por lo común, los análisis críticos realizados sobre dicha estrategia se limitan a sus aspectos económicos, políticos y militares olvidando su impacto sobre la mujer. Sin embargo, todo el ordenamiento imperialista impuesto por EEUU en Bretton Voods se sustentaba además de en lo anterior, también en la sojuzgación de la mujer para aumentar las sobreganancias del capital y asegurar el sistema patriarcal. Tenemos que partir de la esencial unión simbiótica entre capital y patriarcado para comprender la importancia de la ofensiva antifeminista que se desarrolló inmediatamente después de la IIGM. Junto a las medidas de contención contrarrevolucionaria de los procesos de liberación nacional y de clase en el "tercer mundo", dentro del primero, dentro de Europa, actuaron mecanismos de control social, integración reformista y represión política destinados a recomponer el capitalismo seriamente dañado y evitar las sucesivas crisis pre y revolucionarias que se dieron tras la IGM. Nos vamos a centrar en la ofensiva patriarcal en Europa que es parte integrante de la estrategia global del imperialismo yanki.

      Los ejes del ataque fueron cuatro: reproductor, para aumentar la tasa de natalidad recuperando la mortandad de la guerra; económico, para obligar a las mujeres a dejar las fábricas enclaustrándose en el domicilio; político, para obtener el voto femenino o en cualquier caso su abstención y cultural, para relegitimar los valores patriarcales, la familia y la religión. Tanto en EEUU como en Europa el clima artificial de la llamada "guerra fría" aportó la necesaria dosis de "terror psicológico de masas" ante una "invasión soviética" y la inevitable guerra nuclear. En este ambiente el cerco a las organizaciones revolucionarias que no secundaron las directrices de los PCs reformistas; las expulsiones de comunistas de gobiernos y aparatos de Estado; el aislamiento de los sindicatos que insistían en las reivindicaciones obreras; el severo control informativo y de prensa; las reyes represivas contra la oposición no reformista, etc, comunes en la inmensa mayoría de la Europa capitalista desde finales de los cuarenta, en este ambiente, repetimos, se agudizó la contraofensiva patriarcal.

      En EEUU el denominado "macartismo" y la "caza de brujas"; en Inglaterra la sumisión del laborismo a la estrategia capitalista; en la RFA la represión oficial y la recuperación de la burocracia exnazi; en el Estado francés del gaullismo; en Italia la alianza contrarrevolucionaria materializada en la Democracia Cristiana.... ¿para qué seguir?. Además, las profundas transformaciones económicas infraestructurales unidas a la vuelta a casa de millones de soldados, deportados y refugiados, así como la fase de expansión económica que se inició con la década de los cincuenta, todo ello imposibilitó orgánicamente la plasmación de las reivindicaciones de la mujer. A ello hay que unir la política de reformas estatales, el comienzo del llamado "Estado del Bienestar" (?) tras décadas de dolor y recuerdos muy recientes de sufrimientos y guerras. El miedo a una nueva guerra, esta vez nuclear, así como la fuerte propaganda legitimadora de las guerras brutales contra los procesos de liberación de las colonias, activó una remilitarización intensa que a su vez exigía más y más carne de cañón, con los consiguientes planes de natalidad y de reforzamiento de la familia autoritaria. Por último, la intensa propaganda occidentalista y cristiana frente a la URSS y a la "subversión mundial" terminó por conjuntar todas las piezas de la máquina patriarcal y capitalista.

      Gradualmente se fue perdiendo la memoria de la lucha antifascista y de las fuerzas revolucionarias acumuladas durante la IIGM; se olvidó a la vez la excepcional correlación de fuerzas sociales en los años inmediatamente posteriores a la IIGM; los cambios descritos afectaron a la forma de vivir y pensar de las/os resistentes; la irrupción de la TV y el dominio incontestable de la cultura yanki, de su modelo de vida, de sus valores reaccionarios expresados en las películas de Walt Disney por ejemplo; el atraso creciente de las izquierdas para responder a esas transformaciones y nuevos ataques.... todo presionó desde todas partes para asfixiar las esperanzas y sueños creados en la guerra. Sin embargo, mientras moría un mundo nacía otro. Sectores pequeños de mujeres yankis empezaron a concretar el feminismo a mediados de los sesenta. Eran núcleos reducidos, intelectuales y de extracción burguesa o pequeño burguesa, sin apenas arraigo en la masa desvertebrada y aislada de mujeres. Pero crecieron y se expandieron. La fuerte contestación dentro de EEUU a la guerra de Vietnam es incomprensible sin la tarea de aquellas feministas que ya para entonces se relacionaban con las europeas.

      Se puede decir que para finales de los sesenta no sólo empezaba el agotamiento del modelo estratégico de USA en lo económico, político y militar, sino que también en su simbiosis esencial con el patriarcado. Los informes de las diversas organizaciones reaccionarias "privadas" como la Trilateral y otras muchas; los de los Estados mismos y los del Vaticano, por citar sólo unos pocos, denotan una consciente alarma ante una realidad cambiante, impredecible e incierta.


      2. EL "NUEVO ORDEN" PATRIARCAL.

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